Hace 25 años, Yuli puso un kiosco en su casa.
Hoy, ella y su negocio son parte de nuestra vida cotidiana.

“Solo a usted se le ocurre poner un kiosco acá, señora Yuli”, le dijo un repartidor de gaseosas cuando todavía el barrio era apenas un puñado de casas entre potreros y calles de tierra. Pero eso fue 25 años atrás, y hoy la realidad en esta zona de Munro es muy distinta: las calles se asfaltaron, se edificó un shopping y, desde 2010, miles de personas de DIRECTV trabajan en sus oficinas, ubicadas a la vuelta de lo de Yuli.

“Nada es como era antes. Empezamos con una ventana en la fachada de mi casa, pero hace dos años tuvimos que duplicar el espacio”, señala Yuli, orgullosa. Su hijo se convirtió en su socio y dejó su trabajo para dedicarse al emprendimiento familiar. A veces, también la ayudan su nuera y su hija. “El trabajo es siempre a full. Mientras esté parada detrás del mostrador, ¿qué puedo decir? Estoy re bien, doy gracias a Dios”, dice Yuli.

Aunque siempre tiene clientes, la hora pico es el mediodía, cuando los empleados de DIRECTV y otras empresas llegan a comprar su almuerzo. Las mujeres le muestran fotos de sus bebés, en cambio, con los varones, Yuli habla de fútbol. “Soy de River y los peleo a los bosteros”, se ríe.

“Gracias a empresas
como DIRECTV,
el barrio creció
y nuestro kiosco también”.

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